Homenaje a Leonardo Torres Quevedo, inventor español del primer juego de ordenador del mundo
miércoles, 31 de octubre de 2012
¿Qué tiene que ver un teleférico en las Cataratas del Niágara con la primera máquina para jugar al ajedrez? Sorprendentemente, ambos son inventos de un ingeniero civil español, Leonardo Torres Quevedo. La próxima semana, consecuentes con nuestro esfuerzo permanente por reconocer la herencia informática europea, celebraremos el legado de Torres Quevedo y su impresionante máquina, El Ajedrecista, en colaboración con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid.
Las invenciones de Torres Quevedo abarcaron muchos campos. Fue la segunda persona en el mundo en demostrar el control remoto inalámbrico, superado en el logro solo por Nikola Tesla. Sus diseños de aeronaves fueron utilizados por franceses y británicos durante la Primera Guerra Mundial. Fue uno de los principales diseñadores de teleféricos del mundo, y creó el “Transbordador aéreo español del Niágara” sobre las cataratas que, casi un siglo después, sigue siendo una atracción turística. Sin embargo, su logro más notable tuvo lugar en el campo de la automatización, desarrollando máquinas que son antecedentes de lo que hoy llamamos ordenadores y robots.
Torres Quevedo era un hombre ambicioso. Como Scientific American proclamó en 1915: “Sustituiría la mente humana por máquinas”. En 1890, Torres Quevedo construyó una serie de dispositivos mecánicos que resolvían ecuaciones algebraicas. En 1920 sorprendió al público académico parisino con un aritmómetro electromecánico con una máquina de escribir pegada. Funcionaba escribiendo simplemente una fórmula, por ejemplo “24x48”, y la máquina hacía el cálculo y escribía la respuesta automáticamente “=1152”.
No obstante, su creación más notable fue “El Ajedrecista”, una máquina que funcionaba por algoritmos y que podía jugar al ajedrez contra un oponente humano de forma totalmente automatizada. Aunque está lejos de ser otro Deep Blue, El Ajedrecista puede considerarse el primer juego de ordenador (analógico) del mundo.
Fotos proporcionadas por el Museo Torres Quevedo
El Ajedrecista, que se creó en 1912, fue una maravilla de su tiempo. La máquina no solo calculaba sus movimientos, sino que tenía brazos mecánicos que podían mover las piezas, en forma de jacks eléctricos, por una cuadrícula. En modelos posteriores, los brazos mecánicos fueron sustituidos por imanes y el juego se desarrollaba en un tablero de ajedrez de aspecto más cercano al que conocemos. No se podía engañar a la máquina, porque detectaba los movimientos no permitidos, y el oponente no podía ganar, porque el juego siempre empezaba en un punto (torre y rey de máquina contra rey de humanos) desde el cual la máquina no podía perder nunca.
Para conmemorar los 100 años del Ajedrecista, estamos organizando una conferencia con la colaboración de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid para celebrar el legado de Torres Quevedo. La conferencia tendrá lugar el 7 de noviembre y habrá seminarios y debates, así como una exposición de los dispositivos ideados por Torres Quevedo, entre ellos El Ajedrecista. La participación es gratuita. Si estás interesado en asistir, pídenos una invitación.
Las invenciones de Torres Quevedo abarcaron muchos campos. Fue la segunda persona en el mundo en demostrar el control remoto inalámbrico, superado en el logro solo por Nikola Tesla. Sus diseños de aeronaves fueron utilizados por franceses y británicos durante la Primera Guerra Mundial. Fue uno de los principales diseñadores de teleféricos del mundo, y creó el “Transbordador aéreo español del Niágara” sobre las cataratas que, casi un siglo después, sigue siendo una atracción turística. Sin embargo, su logro más notable tuvo lugar en el campo de la automatización, desarrollando máquinas que son antecedentes de lo que hoy llamamos ordenadores y robots.
Torres Quevedo era un hombre ambicioso. Como Scientific American proclamó en 1915: “Sustituiría la mente humana por máquinas”. En 1890, Torres Quevedo construyó una serie de dispositivos mecánicos que resolvían ecuaciones algebraicas. En 1920 sorprendió al público académico parisino con un aritmómetro electromecánico con una máquina de escribir pegada. Funcionaba escribiendo simplemente una fórmula, por ejemplo “24x48”, y la máquina hacía el cálculo y escribía la respuesta automáticamente “=1152”.
No obstante, su creación más notable fue “El Ajedrecista”, una máquina que funcionaba por algoritmos y que podía jugar al ajedrez contra un oponente humano de forma totalmente automatizada. Aunque está lejos de ser otro Deep Blue, El Ajedrecista puede considerarse el primer juego de ordenador (analógico) del mundo.
El original del Ajedrecista
Segundo modelo más avanzado del Ajedrecista
Vista de cerca de la segunda máquina del Ajedrecista
Fotos proporcionadas por el Museo Torres Quevedo
El Ajedrecista, que se creó en 1912, fue una maravilla de su tiempo. La máquina no solo calculaba sus movimientos, sino que tenía brazos mecánicos que podían mover las piezas, en forma de jacks eléctricos, por una cuadrícula. En modelos posteriores, los brazos mecánicos fueron sustituidos por imanes y el juego se desarrollaba en un tablero de ajedrez de aspecto más cercano al que conocemos. No se podía engañar a la máquina, porque detectaba los movimientos no permitidos, y el oponente no podía ganar, porque el juego siempre empezaba en un punto (torre y rey de máquina contra rey de humanos) desde el cual la máquina no podía perder nunca.
Para conmemorar los 100 años del Ajedrecista, estamos organizando una conferencia con la colaboración de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid para celebrar el legado de Torres Quevedo. La conferencia tendrá lugar el 7 de noviembre y habrá seminarios y debates, así como una exposición de los dispositivos ideados por Torres Quevedo, entre ellos El Ajedrecista. La participación es gratuita. Si estás interesado en asistir, pídenos una invitación.